La
oportunidad de estrenar nuestra casa llegó temprano. Tan temprano, de hecho,
que la casa no estaba aún terminada. Ni por cerca. Pero había un evento en
MUNA, y mi madre necesitaba casas donde alojar a los huéspedes. Dada la escasez
de lugares para hospedaje, y en vista de que nuestra casa queda en el
vecindario inmediato de MUNA, concentrar recursos en habilitar una recámara y
su baño era una opción muy viable.
Seguro, significaba que los huéspedes atravesarían
una casa en construcción para llegar a su habitación, pero sería únicamente
para dormir y asearse, puesto que el resto del día estarían participando del
evento en MUNA. Sí, era un poco heterodoxo, pero ¿no era ésta la razón
principal por la cual habíamos pedido al Señor una casa “propia” – para poder
alojar visitantes?
En fin, nos dimos a la tarea de habilitar
la recámara de la planta baja y su baño. En conformidad con el estilo MUNA de
hacer las cosas, entraron los pintores a pintar, los multiusos a instalar
cortineros y accesorios de baño, las aseadoras a dejar todo pulcro, los
ayudantes a colocar camas y otros muebles, las decoradoras a instalar cortinas,
ropa de cama, y toallas… De todo para recibir a nuestros primeros huéspedes. Fue
así como nuestra casa vino a ser estrenada, no por nosotros, sino por tres
mexicanos.
En mi mente, si ya habíamos recibido estos
huéspedes, nosotros debíamos mudarnos en cuanto se marcharan. La familia
(éramos cuatro en ese momento) podía dormir toda junta en aquella recámara. El dinero
que nos ahorraríamos en alquiler iría directo a la construcción, lo que nos
permitiría terminarla más pronto. En mi mente el plan era perfecto, y estaba
determinado a llevarlo a cabo. Pero doña Abbie se opuso, así que yo decidí que
ya no lo haríamos así, sino que esperaríamos a terminar la construcción para
mudarnos. Era lo más sensato, y me alegra haber tenido esa idea.
Pasaría algún tiempo aún hasta que nosotros
nos mudásemos a habitar la casa de Campo Dos. Pero desde ese día hemos alojado
limeños, sampedranos, danlidences, garífunas, portorriqueñas, estadounidenses,
argentinos, y más mexicanos. Con cada visita, los más bendecidos hemos sido
nosotros.

No comments:
Post a Comment