Un día
fresco de invierno, justo cuando Abbie iba a abrigar a Hansi sintió la
repentina necesidad de revisar las mangas del abrigo. Nunca dejo de
maravillarme de cómo el Espíritu Santo nos ha advertido, una y otra vez, cuando
Hansi está en algún tipo de peligro. En una de las mangas había un escorpión. Lógicamente,
lo sacamos y lo matamos, invocando las palabras de nuestro Jesús: “He aquí os
doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del
enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Pero la historia no termina allí…
Estábamos prontos
a concluir con la obra gris – el repello y pulido de todas las paredes – cuando
fui a supervisar los avances de la construcción ese día. No sé si será por las
aventuras de mi infancia recorriendo los proyectos de mis padres, pero ésta es
siempre una de mis etapas favoritas en una construcción. Hay tantas cosas en
proceso que sólo pueden apreciarse si se tiene la capacidad de visualizar la
obra terminada. Donde muchos no ven más que paredes grises, los imaginativos “vemos”
los acabados, los muebles, la vida de los habitantes desenvolviéndose en ese
espacio… Quizás es por eso que cuando llega la etapa de los acabados, tiendo a
aburrirme. Porque para entonces llevo tanto tiempo visualizando los acabados
que han perdido su novedad.
Abbie, sin
embargo, fue diseñada a la inversa. Ella necesita ver, no sólo la pared
levantada, sino pintada y texturizada, antes de comprometerse con un acabado. Donde
mi lienzo en blanco es una hoja de papel, el de ella es una habitación donde toda
la obra gris ha sido concluida. El punto donde a mí me comienza a aburrir un
proyecto es cuando a Abbie comienza a emocionarle. ¡Dios es tan perfecto cuando
nos une!
Las
escaleras de la casa serían de metal y madera, no de concreto, por lo que en
esta etapa usábamos una improvisada escalera de madera para subir a la segunda
planta. En la pared este de lo que sería la habitación la Hansi, la
rectificación de un pequeño desplome desde abajo había terminado costándonos
una pequeña fortuna en cemento y arena. Todos los espacios de esta sección –
dormitorio, baño y walk-in closet –
coinciden exactamente con los de planta baja. Cruzando el baño hacia el clóset,
revisé las repisas altas creadas con los sobrantes del steirofoam reforzado. Y allí
estaban: un escorpión hembra y sus crías.
Lógicamente,
los sacamos y los matamos. Cómo llegaron hasta allí, nunca lo sabré. Pero lo que
más me sorprendió fue la conexión con el escorpión de esa mañana. En el abrigo.
De Hansi. En el clóset. De Hansi. No había más escorpiones en ningún punto de
la construcción. Pero la historia no termina allí…
Ese fin de
semana, el maestro de obras me tenía una noticia desconcertante. Había encontrado
a uno de los trabajadores fumando marihuana. En el clóset de Hansi. Lógicamente,
lo sacamos y lo… Bueno, sólo lo despedimos. Pero, vaya que tantos escorpiones
en el clóset de Hansi en una misma semana son demasiados como para atribuirlos
a una arbitrariedad. Bien dice el refrán: Una
coincidencia es cuando Dios elige mantenerse anónimo. ¡Gracias, Señor, por siempre
cuidar a mi pequeña!

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