Conversando recientemente con mis amigos Eduardo y Joanna, me comentaban que en su país natal, México, lo usual es techar con losa, no lámina. De hecho, me decía Eduardo, techar con lámina da a entender que te quedaste sin dinero para terminar tu casa. Pensé que quizás construir con losa es la especialidad de los mexicanos, pero según Joanna es de lo más común que la gente tenga problemas con filtraciones. Me parecía insólito, pues, que vieran la lámina como una alternativa inferior para techar.
El asunto es, explicó Eduardo, que nadie en México suele usar cielo falso como lo hacen en Honduras. Entonces allá, techo de lámina es igual a calor. ¡He allí el detalle! Por qué no acostumbran usar cielo falso, no lo sé, pero antes de que me pusiera a criticar, el Señor me recordó un detalle obvio al que yo me resistí por algún tiempo y por asuntos económicos: el cielo falso en los aleros.
Siempre estuve claro en los beneficios de usar cielo falso: el aislamiento térmico y acústico, además de un mejor tratamiento estético. Es más, diseñé la casa para que el espacio entre cielo y lámina tuviera aperturas en las culatas, de manera que el viento saca el aire caliente que allí se acumula, refrescando aún más la casa. Para las aperturas norte y sur mandamos a traer unas ventilas redondas decorativas que le dan un toque de sofisticación a la fachada. Pero encielar los aleros me parecía más un asunto cosmético que práctico, y preferí invertir las reservas decrecientes de dinero en cosas más esenciales. Mi lógica me dictaba que al no encielar los aleros, la casa sería más fresca aún, porque el viento entraría por todos los costados a refrescar el espacio entre cielo y techo. Abbie estuvo clara desde el principio, pero a mí me costó entenderlo. Hasta algún tiempo después de mudarnos, cuando llegaron las palomas.
Verás, si bien el viento podía entrar por todos los costados a refrescar el espacio entre cielo y techo, también las palomas podían entrar. Y hacer nidos. Y empollar sus crías. Y defecar. Y morirse y podrirse. Entre el cielo y el techo.
Cuando finalmente me convencieron las palomas, contratamos a alguien para que nos encielara los aleros. Esto salió más caro que si se hubiese hecho al mismo tiempo que se construyó el techo, sobre todo por asunto de andamios.
Por lo cual sugiero que, cuando uses techo de lámina, instales de una vez el cielo falso, tanto en el interior de la casa como en los aleros. Y que no seas tan pronto para juzgar a otros por sus costumbres constructivas. Como dijo el Apóstol Pablo: Cada uno mire cómo sobreedifica.

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