Thursday, August 21, 2014

Pequeños Ajustes


Dicen que aquel que fracasa en planear, planea fracasar. Por Su gracia, Dios me dio padres visionarios dados a concretar sus proyectos mediante trabajo duro, colaboración e inteligencia. La Escuela de Arquitectura me entrenó como planificador, lo cual me sentó bien, pues mi mente se deleita en un plan bien organizado. Aunque hoy laboro más como pastor, todo lo anterior me ha servido grandemente. Pero como cualquier planificador sabe, los planes se ejecutan con la disposición de hacer pequeños ajustes en el camino, según sea necesario.

Un juego de planos es para un arquitecto lo que una receta es para un médico. Ambos representan la solución profesional al problema de un cliente, pero detrás de esos papeles hay años de estudio y experiencia. De aquí que decirle a un arquitecto “Quiero la casa de esta revista; hágame el plano” es tan ofensivo como decirle a un médico “Tengo tal enfermedad; hágame la receta”. El profesional necesita hacer un análisis antes de emitir su diagnóstico y recetar un tratamiento. Pero no siempre el tratamiento es lo que el cliente esperaba.

Los planos de nuestra casa suponían que no habría closets, sino que usaríamos armarios móviles en los dormitorios. Talvez fue por ver tantas revistas de “Casa y Campo”, o quizás estábamos preocupados por el presupuesto. Por la razón que sea, Abbie y yo habíamos decidido que ésa sería la mejor manera de guardar la ropa.

El diseño de nuestra casa tenía un vacío de 2 x 2 metros en la esquina noreste, justo al norte del baño. Por supuesto, este hueco era parte del efecto magistral de un segundo eje de simetría que corría longitudinalmente por el centro de la casa. Haciendo a un lado el hecho de que este efecto sólo se podía apreciar en planos (en la planta arquitectónica, para ser preciso) y que nunca se experimentaría en el edificio construido, el detalle era el fruto de una mente genial y artísticamente organizada. Tan genial y tan artística que cuando el maestro constructor marcó los zanjos de la planta baja, no se fijó que el diseño tenía un vacío de 2 x 2 metros en la esquina noreste de la casa.

A él le pareció que éste era el lugar sensato para ubicar un walk-in closet. Contiguo al baño. Jamás se le ocurrió que fuese de otra manera. De hecho, él asumió que al dibujante se le habría olvidado dibujarlo en el plano, pero que lógicamente allí iba el closet. ¡Para cuando yo llegué, el zanjo ya estaba hecho! “Arquitecto”, dijo el constructor, “son sólo cuatro metros de zanjo. Con sólo cuatro metros cuadrados de piso y dos metros lineales de pared, usted tendría un closet. Si lo repetimos en planta alta, fácilmente y con poco dinero puede darle un closet de cuatro metros cuadrados a cada habitación.”

A veces, lo que se ve genial en papel no es la mejor solución. A veces, el maestro constructor es más sabio que el arquitecto. A veces, la mejor planificación del mundo necesita pequeños ajustes en el camino. A veces, Dios nos da la sensatez de reconocer nuestros errores y aceptar que otros tienen una opinión superior. Cuando todos esos “a veces” convergen, puedes terminar con tres walk-in closets en tu casa.

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