Wednesday, July 9, 2014
El Lugar Propicio
En febrero de 1998, Ministerio Un Nuevo Amanecer adquirió una propiedad en Campo Dos, al margen urbano de La lima. Aquel pastizal pronto se convertiría en las instalaciones centrales de MUNA, Iglesia Piedras Vivas y Escuela Cristiana Bilingüe Sunshine. Poco después mi madre reunió a un grupo de personas interesadas en vivir junto a MUNA para hacer una compra adicional de tierras para lotificar. Por gracia de Dios, estuve entre los convidados; lo cual es curioso porque mi corazón estaba lejos del Señor en esos días. Considerando que Dios dijo: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.” (Levítico 25:23), el verdadero misterio es por qué Dios querría hospedar en un campo tan hermoso a un rebelde como yo.
Fueren cuales fueren Sus motivos, a mí me pareció una buena idea invertir treinta y cinco mil quinientos lempiras por setecientas setenta y siete varas cuadradas de potrero. Era la primera vez que compraba tierra, pero confiaba en el buen juicio de mi madre. Aunque yo vivía en San Pedro Sula y no tenía planes de mudarme a La Lima, pensé que sería mejor participar en COMUNA que malgastar el dinero en cosas fugaces.
A principios del año 2000, el Señor trató con mi corazón. A través de Sus múltiples y amorosas intervenciones, venció mi terquedad. El Señor comenzó a enderezar todos mis caminos y me encontré dando un giro completo a mi vida. Dejé atrás los vicios, la música nefasta a la que mi alma era tan susceptible, y las filosofías huecas. Pero de todas las cosas que el Padre me cambió, hay una en particular por la que no me cansaré de agradecerle: Me mostró que era tiempo de dar un paso importante en mi relación con Abbie.
Cuando conocí a Abbie en una tienda de decoraciones arquitectónicas, me impactó su profesionalismo. Me sorprendió que, siendo menor que yo, estaba pagando dos terrenos que había adquirido de una inmobiliaria en la que había trabajado años atrás. Estudiaba mercadeo y decoraba las casas y jardines de varias señoras acomodadas. Por encima de todo, ¡era dulce y espectacularmente bella! Que debíamos asociarnos era más que obvio.
Para el cambio de milenio estábamos sosteniendo una complicada ligadura sentimental, además de haber establecido una no muy rentable empresa de diseño. Por supuesto, habíamos tenido días buenos; pero también muchos días grises y noches negras. Una relación entre un hombre y una mujer sólo puede ser tan saludable como su relación con el Dios y Creador de todos. Él nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Él sabe dónde somos débiles y dónde somos vanidosos. Sin Cristo, nuestra relación iba hacia un despeñadero oscuro. Pero ahora, con el Espíritu Santo de Dios santificando cada recámara de nuestros corazones, el sol salía en el horizonte.
Una tarde de verano invité a Abbie a caminar por la calle que corría al centro de COMUNA y deambulamos hasta el centro del predio que había adquirido. Hincando una rodilla en el suelo y con un humilde anillo en la mano, le dije a Abbie del futuro que esperaba para nosotros y le pedí que se casara conmigo. Creo que ni ella ni yo podríamos haber imaginado siquiera todas las experiencias que viviríamos juntos en ese preciso lugarcito de este gran planeta que llamamos Tierra, cuando dijo: Sí.
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