Wednesday, November 12, 2014

Caliente y Frío


En los orígenes, cuando Dios creó los cielos y la tierra, “aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.” (Génesis 2:4-6) En el perfectamente controlado ambiente del huerto de Edén, el hombre andaba desnudo sin preocupación por el clima.

Una serpiente, un engaño y una desobediencia después, y la primera pareja se halló recibiendo las consecuencias de su pecado. No sólo serían expulsados del lugar de delicias, sino que de ahora en más vivirían diversos dolores y la maldición de la tierra, de la cual ahora comerían con el sudor de su rostro. Desde ese día cuando Dios cubrió a Adán y a Eva con pieles para que se enfrentaran al exilio de Edén, hemos necesitado protegernos de los elementos del clima. El calor y el frío, la lluvia y la sequía, la nieve y las tormentas de arena; hemos logrado adaptarnos a todos con ingenio y con el sudor de nuestro rostro.

Debo confesar que no termino de entender la aversión que muchos le tienen al sudor. Después de todo, cumple una función importante en regular la temperatura del cuerpo. Claro que, si puedo escoger, prefiero estar en lo fresco que en el calor. Pero no siempre tenemos ese lujo. Ahí, pienso yo, lo mejor es acomodarse lo mejor posible y tener un corazón agradecido. ¿Hace calor? ¡Gracias a Dios, porque es bueno para las cosechas! ¿Hace frío? ¡Gracias a Dios, porque dormiremos rico! Mi filosofía no es compartida por la mayoría, lo sé. Por eso generalmente prefiero que controlen el aire acondicionado según el termostato de los que son propensos a quejarse del calor o del frío, y no según el mío.

El diseño de la casa contemplaba circuitos eléctricos para alimentar una unidad de aire acondicionado en cada habitación, aunque no teníamos presupuesto para comprar las unidades. Los primeros años nos aclimatamos con ventiladores de techo y abrir ventanas. Después del susto nocturno que nos dieron las vacas rumiando en el potrero vecino, y una vez acostumbrados al ruido de los camiones en la carretera, dormir junto a la ventana abierta era lo suficientemente fresco. Claro que habría sido mucho más fresco si las ventanas del otro lado de la habitación también hubiesen estado despejadas, pero no sería así porque, como pronto me hizo entender mi esposa, el mundo entero se congregaba afuera de esa ventana para vernos dormir.

El día que alguien nos obsequió una unidad de aire acondicionado, decidimos instalarla en la habitación de las niñas. Lo mantuvimos en secreto de Hansi hasta que llegara de la escuela. Cuando lo vio, ¡gritó y saltó de alegría! Francamente no esperé tanto entusiasmo, pero verla tan feliz me hizo pensar que talvez no sería tan malo tener aire acondicionado en las otras habitaciones. Lo cual logramos con el tiempo.

Una de mis funciones patriarcales en la casa Rodríguez Jallú es mantener la cordura termostática de la familia. Podemos usar el aire acondicionado para dormir más cómodamente, pero a una temperatura razonable y con un temporizador que apagará automáticamente la unidad en unas horas. Lo mismo con el calentador de agua, que también fue un obsequio. En mi mente, si hace tanto calor como para requerir el aire acondicionado, entonces deberíamos bañarnos con agua fría; y si hace tanto frío que necesitamos calentar el agua con la que nos bañamos, entonces no necesitamos el aire acondicionado para dormir. Pero esa es una batalla que pierdo más frecuentemente de lo que me gusta admitir.

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