Espiritualmente, Yuscarán es como Jezreel; una tierra fértil que Dios sembró donde los hijos honran la herencia de sus padres pero que fue capturada por un malvado Acab, su esposa bruja y el culto a los baales. Al igual que a Jezreel, Dios se ha propuesto rescatarla y restaurarla para Su gloria. ¿Pero cómo lo hará?
Para entenderlo a plenitud habrá que estudiar los libros de los Reyes y Oseas. Allí encontraremos que el rey Acab codició e intentó comprar la viña de Nabot en Jezreel. Como Nabot no quiso vender la heredad de sus padres, la reina Jezabel usó de artimañas políticas para hacerse de la viña, a costa de la vida de Nabot. El profeta Elías los denunció y anunció la muerte de la pareja real. Era tiempo de sequía cuando Elías restauró el altar a Jehová en el monte Carmelo, desenmascarando a los profetas del falso dios Baal en el proceso. Elías proclamó el fin de la sequía y trajo la lluvia. Posteriormente, Acab murió en batalla y Jezabel murió atropellada; ambos desangrados en la calle, tal como dieron muerte a Nabot.
Yuscarán no tiene viñedos, pero sí la destilería que produce el "guaro" más conocido de Honduras. El paisaje es semi-árido, a pesar de tener nacimientos de agua cristalina. (El agua es usada sin filtrar para, entre otras cosas, la elaboración del guaro.) Las vistas son espléndidas; capas y capas de vegas y montes cada vez más distantes. Las aves parecen volar al alcance de la mano, y uno diría que el cielo no está a más de diez metros.
Yuscarán ha sido la única ciudad donde levantamos altares por la tarde en vez de la noche. En nuestro limitado conocimiento, habíamos pensado que esa fue una imposición por causa de que la iglesia católica tenía reservado el parque todas las noches de la semana. Ahora entiendo que fue orquestado por el Altísimo para que pudiera acompañarnos la familia Bustillo Fromm, que viajó ambos días desde Tegucigalpa por la mañana para regresar al caer la tarde.
Yuscarán ha sido también la primer ciudad donde hemos conocido al alcalde y a su familia. No sólo comieron con nosotros, sino que fue la alcaldía (no la iglesia local) la que cubrió más de la mitad de nuestros gastos de hospedaje y alimentación. Que les sea tenido en memoria.
El Señor nos llevó a Yuscarán a reparar el altar de adoración a Su nombre y a anunciar Su lluvia. Esa es nuestra porción, y es hermosa en gran manera. A alguien más le tocará la tarea de derribar el culto a los baales y sentenciar a Acab y Jezabel. ¿Quién sabe? Quizás seas tú.

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