Wednesday, April 23, 2014

Adoremos en Juticalpa


Pastora Abbie y yo concluimos que, de todas las ciudades que visitamos con Adoremos, Juticalpa fue la más difícil. No por la poca asistencia a los talleres (ya sabíamos eso antes de salir de casa); ni por la dieta constante de frijoles, mantequilla, huevo y tortillas (ya sabíamos eso antes de salir de casa); ni porque el parque estuviese a media remodelación (ya sabíamos eso antes de salir de casa). Era el sopor. La opresión. La oposición.

Entramos en una ciudad fantasma – el grueso de la población se había hecho a los balnearios para mitigar el calor de la temporada. Sin embargo, cada ciudad tiene un espíritu propio en sí; ligado de alguna manera al de sus habitantes, pero separado a la vez. En ese sentido, Juticalpa no estaba muy feliz con nuestra llegada. No quería que interfiriéramos con sus procesiones de Semana Santa. No quería que le estropeáramos sus alfombras de aserrín. No quería que nos acercáramos al obelisco al centro del parque. No quería que oráramos con libertad o que levantáramos un altar frente al suyo. No, lamentablemente Juticalpa no nos brindó su mejor bienvenida. Jesús dijo que habría ciudades así. A Él tampoco lo recibieron bien en todos lados. Bástale al siervo ser como su Señor.

El Espíritu Santo nos llevó a Juticalpa para enseñarnos algunas cosas importantes. Entre ellas:
  • Cuando adores a Dios y el enemigo comience a hacer ruido, no le hagas caso. Sigue adorando.
  • Hay obras que Dios hace en el espíritu de una persona; hay obras que Dios hace en el espíritu de una ciudad.
  • Así como el homicidio oscurece el corazón del hombre, el derramamiento de sangre oscurece el espíritu de una ciudad.
  • La maldad no quedará sin castigo, pero Jesucristo recibió el castigo de aquellos que creemos en Él. Seguimos predicando el Evangelio para que más personas crean y sean salvas.
  • Hay distintos tipos de religión, pero ninguna puede salvar.
  • En el reino de Dios, hay muchas cosas que haces por pura obediencia. El galardón será entregado en su debido tiempo.

No quisiera terminar sin resaltar las virtudes de Juticalpa; es decir, las que pudimos experimentar. Las personas que nos atendieron mostraron la más dulce disposición para servir a este extraño grupo de limeños que llegó en la fecha menos sensata a hacer una rueda en el parque para orar y cantar alabanzas a su Creador. Y el queso y la mantequilla son tan buenos como dicen.

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