Si tuviera que resumir el secreto de la
bendición que fue Adoremos en Nacaome, sería esto: Nos estaban esperando. Ese simple
detalle marca la enorme diferencia entre sentirte libre para fluir en la obra
que Dios te ha encomendado y tener que nadar contra corriente en las cosas
naturales además de las espirituales.
Los
Pastores Melvin y Beatriz García de Ministerio Tsebaoth, a quienes conocemos
desde hace varios años, se mostraron amigos en todo. Primero, movieron un
compromiso previo para hacer espacio para apoyar Adoremos. Vieron nuestra
llegada como una bendición digna de esperar con ayunos y oraciones. Dos
hermanos de su congregación cedieron su casa por completo para alojar miembros
de nuestro equipo, y los pastores dispusieron sus instalaciones para el
desarrollo del seminario y talleres. Por si fuera poco, ellos nos alimentaron,
nos dieron café y nos hicieron un pastel. A diferencia de la gran mayoría de
los eventos que hemos hecho antes, donde los pastores apoyan enviando su gente (pero
no a sí mismos), el apoyo de los pastores García fue incondicional; estuvieron
siempre presentes, a pesar de que Pastor Melvin se sentía muy mal de salud. Cuando
los anfitriones de un evento de adoración son en sí mismos adoradores, la
diferencia se hace notar.
De alguna
manera, puesto que los hermanos de Tsebaoth fueron los únicos que sembraron
para nuestra llegada a Nacaome, por eso fueron los grandes cosechadores. El Señor
tenía su mirada puesta en un precioso ramillete de muchachitas danzarinas. Con
ellas aprendimos a ser un poco más libres, un poco más expresivos en nuestro
amor por Cristo.
El día que
íbamos a componer canciones, amanecí con una inquietud divina: ¿Cómo podemos,
como cantores y músicos, ayudar al pueblo del Señor a alabarle con danza? De esa
pregunta nacieron tres canciones, que esperamos moverán a los hijos de Dios a
mostrarle su amor y gratitud con júbilo y danza.

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