Thursday, August 15, 2013

La Esperanza No Avergüenza

La banca de madera en el pasillo del hospital del Seguro Social no es de lo más cómodo, pero es mejor que permanecer de pie. Los últimos días han sido difíciles para nuestra familia, y aguardamos que mi suegro salga del quirófano al que ingresó con un intestino perforado. Los médicos nos dieron un 30-40% de probabilidad de que sobreviva, pero todos estamos de acuerdo en que el Señor tiene la última palabra. Así que aguardamos en la esperanza de que vivirá. Y la esperanza no avergüenza.

El apóstol Pablo nos dice en su carta a los romanos que, puesto que hemos sido justificados, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Pablo está hablando primeramente de la certeza de salvación que tenemos los que hemos creído en Jesucristo y la seguridad que esto produce en nuestros corazones. Podemos estar seguros que pasaremos la eternidad juntamente con nuestro Señor.

No es que los hijos de Dios seamos ingenuos o que no queramos aceptar las circunstancias que nos rodean, sino que sabemos que vivimos a la espera de la manifestación de lo eterno, y que las dificultades que aquí enfrentamos sólo sirven para perfeccionarnos. Nuestra fe, que está anclada en la vida eterna, se manifiesta en esta vida temporal. Por lo cual dice Pablo que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.  Somos peregrinos en la tierra, rumbo a la ciudad celestial.

Teniendo esto claro, el principal clamor de mi esposa desde que la salud de mi suegro falló ha sido por la salvación de su alma. Después de una semana inconciente, él volvió en sí. El hombre que hace un mes decía que no podía creer en el Señor, ahora testificaba "¡Dios es lindo! Unos 'hombres de negro' me querían llevar, pero Dios me rescató." ¡Oh, cuan profundos misterios del amor de Dios!

Una vez asegurado lo eterno, si vivimos, para Él vivimos; si morimos, para Él morimos. Sea que vivamos o que muramos, somos del Señor. No siempre las cosas saldrán como queremos, pero podemos retener la esperanza. La esperanza de que un día veremos al Señor cara a cara. La esperanza de que seremos libres de las aflicciones de este cuerpo mortal. La esperanza de que todas las cosas nos ayudarán para bien. La esperanza de que mi suegro sanará. Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

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