Cada vez que digo que,
financieramente hablando, es mejor alquilar casa que comprarla, una esposa me lanza
misiles de sus ojos. El descalabro financiero mundial del 2008 nos demostró
que, contrario a lo que siempre nos dijeron los abuelos, las propiedades NO
SIEMPRE aumentan su plusvalía con el tiempo. Por lo tanto, debemos dejar de
decirnos a nosotros mismos que una vivienda es una inversión cuando en realidad
es un gasto.
Por naturaleza, una inversión es algo en lo que meto dinero para sacar
más dinero; mientras que un gasto es algo en lo que meto dinero para no
volverlo a ver. Comprar un negocio es una inversión. Una herramienta de trabajo
es una inversión. La compra del supermercado de la quincena es un gasto. Las vacaciones
en crucero por las Bahamas son un gasto. En realidad, ninguno de los dos
términos obliga a que sea bueno o malo. Por ejemplo, el negocio puede haberse
comprado en un mal momento y encontrarse en bancarrota seis meses más tarde. Esa
fue una mala inversión. Asimismo, compramos los víveres porque son vitales para
nuestro sustento. No hay nada malo en eso.
Quien compra casa, pronto se da cuenta de que además del costo del bien
en sí hay una serie de desembolsos que realizar. Gastos legales, registros, impuestos,
tren de aseo y cuantas tasas y permisos el gobierno establezca. Algunos de
éstos se pagan una sola vez; otros son anuales. Pero esto es mínimo comparado
con otros gastos.
Recuerdo a un ingeniero con quien trabajé. Él estaba alquilando una casa
en la Pavón, una colonia construida por IMPREMA para beneficio del gremio
magisterial. Cuando el huracán Mitch golpeó el país, la casa se inundó. A
diferencia de la gran mayoría de sus vecinos - que eran dueños de las casas -
él empacó sus cosas y salió a buscar otra casa que alquilar en un lugar que no
estuviera anegado por las aguas. Fueron los dueños de la casa los que tuvieron
que bregar con los efectos de la inundación.
Cuando nosotros alquilábamos casa, la dueña pagaba las reparaciones y
mejoras. Repellar la pared central: pagado. Cambiar las tejas: pagado. Reparar el
sistema eléctrico: pagado. Pintar la casa: pagado. Ahora que somos dueños, la
cosa es distinta.
Con las lluvias recientes, aparecieron fugas y goteras en varios puntos.
Una de las filtraciones más serias es la que se produjo bajo el tanque de
almacenamiento de agua. La reparación implica vaciar y desmontar el tanque para
impermeabilizar la losa sobre la cual descansa y sellar otros puntos de
filtración. Pero es muy difícil hacer todo esto mientras llueve, por lo que
hemos tenido que esperar un clima más favorable. Mientras tanto, las goteras
siguen, dañando el cielo falso, desprendiendo el yeso, y manchando la pintura. Además
de esperar pacientemente, ¿qué más puede hacerse?
Dicen que una casa nunca está realmente terminada. Siempre hay algo más
que hacerle. Un retoque de pintura aquí. Una remodelación allá. Una acera que
agregar. Sí, es un gasto. Pero es nuestra casa. Es una bendición de Dios y queremos
cuidarla lo mejor que podamos.

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