En el año décimo del reinado de Sedequías en Judá, el ejército de Babilonia mantuvo sitiada a Jerusalén. Jeremías estaba preso por profetizar que el Señor entregaría a Jerusalén en manos de Babilonia cuando llegó su primo Janamel a pedirle que le comprara un campo de Anatot, en el territorio de Benjamín. Jeremías compró el campo por diecisiete monedas de plata, diciendo: “Porque así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: ‘De nuevo volverán a comprarse casas, campos y viñedos en esta tierra.’ ”
En vista de la espada, el hambre, la pestilencia, y las rampas de ataque anunciando la caída inminente de Jerusalén en manos de los babilonios, Jeremías quería saber por qué Dios le decía: “Cómprate el campo al contado en presencia de testigos.” El Señor respondió que aunque estaba a punto de dispersar a los judíos, los volvería a reunir y los haría volver a ese lugar para vivir seguros. “Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios. Haré que haya coherencia entre su pensamiento y su conducta, a fin de que siempre me teman, para su propio bien y el de sus hijos. Haré con ellos un pacto eterno: Nunca dejaré de estar con ellos para mostrarles mi favor; pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí. Me regocijaré en favorecerlos, y con todo mi corazón y con toda mi alma los plantaré firmemente en esta tierra. Tal como traje esta gran calamidad sobre este pueblo, yo mismo voy a traer sobre ellos todo el bien que les he prometido. Se comprarán campos en esta tierra…”
Anatot fue el lugar donde Salomón mandó exiliar al sacerdote Abiatar, quien había llevado el arca del pacto, y había compartido con David todas sus penurias, pero al final se había unido a la rebelión de Adonías. Fue así como, al destituir Salomón a Abiatar del sacerdocio del Señor, se cumplió la palabra que el Señor había pronunciado en Siló contra la familia de Elí. Con la compra que Jeremías estaba haciendo, el Señor estaba efectuando un traspaso de propiedades en tiempo de angustia; para cuando llegase la bonanza, ya habría un nuevo orden en la tierra.
¿Tienes la posibilidad de adquirir propiedades? ¡Hazlo! "Me regocijaré en favorecerlos, y con todo mi corazón y con toda mi alma los plantaré firmemente en esta tierra."

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