El nuevo año ha iniciado oficialmente, y viene
lleno de promesa. ¡Hoy sí, papa! Este es el año en que alcanzaré todas las
metas que he venido postergando desde 1959… Me dan ñañaras pensar en la
cantidad de resoluciones por rebajar veinte libras que se irán incumplidas (tal
como sucedió en el 2013). Lo mismo podemos decir de la buena intención de
diezmar, de concluir todos tus discipulados y de esta vez sí leer la Biblia. Porque
si no pudiste hacerlo en septiembre, necesitarás algo más que el aura de aventura
de enero para lograrlo. ¿Realmente quieres alcanzar tus metas? Sigue leyendo.
- DA GRACIAS A DIOS. Antes que nada, tómate un tiempo para agradecer al Señor. Estás vivo porque Cristo vive en tu corazón, y esa es razón suficiente. El año que pasó te dejó cosas buenas y cosas malas, ganancias y pérdidas, pero el balance final está a tu favor; porque a los que amamos a Dios, todas las cosas nos ayudan para bien.
- DEFINE TUS OBRAS. La Biblia nos enseña que Dios de antemano preparó buenas obras para que andemos en ellas. ¿Cuáles son las tuyas? Como el olmo no puede dar peras, así tú tampoco podrás dar fruto para el cual no fuiste diseñado. Tu mayor satisfacción en la vida estará en ser hallado fiel en hacer lo que el Padre espera de ti. ¿Qué espera el Padre de ti para el 2014?
- HAZ UN PLAN. Las metas nunca se alcanzan accidentalmente; tendrás que organizarte para alcanzarlas. Asegúrate de trazar un plan realista y fraccionado en porciones que puedas lograr. Pretender rebajar veinte libras en un mes no es realista. ¿Sabes qué sí es realista? Dejar las gaseosas y reducir tu consumo de baleadas de cinco a dos para rebajar veinte libras de aquí a mitad de año.
- REVISA TU CURSO. Cada cierto tiempo, fíjate cómo andas con respecto a tu plan. ¿Necesitas presionar más? ¿Terminaste antes de tiempo? A veces te verás obligado a reanalizar tu meta original. ¿Planeaste iniciar un grupo de estudio bíblico con diez compañeros en la U, pero ahora tienes 25? Quizás sea hora de solicitar un salón más grande.
- CONFÍA EN EL SEÑOR. Él es más sabio que tú, así que no te apoyes en tu propia prudencia. Si estás haciendo las buenas obras que Él preparó de antemano para que tú hagas, puedes estar seguro de que el que comenzó en [ti] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Filipenses 1:6)

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